Siendo 100% honesta, ésta no es la entrada que tenía preparada para hoy. Ni siquiera tenía pensado en gastar un post en hablar de éste tema (tan quemado ya) pero… creo que la que tenía lista para publicar todavía no procede, o no es hora de compartirla, pues éste es tan solo mi tercer mes aquí. Y ya lo entenderéis.

Así que, como no, vamos a hablar de comida.

Y sí, amigxs; si eres de España vas a echar de menos los productos de tu tierra. Ya no te digo que si vas de restaurantes vayas a comer mal, porque no suele ser así (sobre todo si estás dispuesto a pagar, las cosas como son), ya que normalmente la calidad y/o la elaboración es buena. Todo es buscar información y críticas acerca de dónde te interesa ir.
El hecho es que no abunda la gastronomía Mediterránea (que si lo pienso bien, claro, es que es Mediterránea), ni muchos productos con los que poder hacerte, por ejemplo, un buen cocido. La verdad es que, directamente, todavía se me hace muy difícil cocinar algo que realmente me guste (y me encanta comer) con los productos que voy probando por aquí.

Supongo que si eres de Londres, vives en Londres, o piensas mudarte a ésta ciudad -y quién dice Londres, dice otra ciudad, que yo al fin y al cabo vivo en un “pueblo”- lo tendrás más fácil para encontrar productos más occidentales o de nuestro uso común, pero yo ya me estoy pensando el suscribirme a una de éstas compañías que todos los meses te envían cajas de productos alimenticios españoles, sin que suene a broma. Eso, y traerme la maleta cargada de “comida real” tras mis próximas vacaciones.

De verdad, qué tortura.

Y aunque he de decir que en el trabajo nos suelen dar bien de comer (comida elaborada en cocina, vaya), echo demasiado de menos una buena fabada, un buen pote asturiano o un buen cachopo (que te olvides de hacerlo aquí y te salga igual). Echo de menos hasta la tortilla de patata… que de verdad, las patatas y los huevos yo no sé de dónde los sacan. Creo que ésto sólo me lo entenderán las personas desplazadas aquí…

Pero no todo es negro en el horizonte gastronómico; Ya he conocido un par de sitios que me han encandilado por el estómago.
Os voy abriendo el apetito.

Y sí, restaurantes especializados en cocina italiana es lo que más te encuentras en ésta zona, que por mí genial porque me encanta.
Eso y los sitios donde comer, como diría mi padre, “guarrerías”; que se le dan muy bien:

Que luego también tenéis el restaurante “La Brasserie” dentro del propio Sofitel (donde trabajo actualmente), especializado en comida de autor. La única pega radica en que no es para todos los bolsillos, o al menos no para ir todos los fines de semana.
Aquí, el equipo de cocina hace maravillas como éstas:

Sublime.

Pero bueno, resumiendo: todavía voy sobreviviendo. Tan mal no se me está dando, aunque sí creo que lo llevo peor que el inglés (quién me lo iba a decir a mí…). Que al final, una por otra, hasta conseguí hacer una fabada.

Fabada asturiana en Inglaterra, que no fue lo mismo, pero me supo a gloria.

Y con ésto cierro éste post, que ya me quejé demasiado:

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